Evelyn Tewes se muestra satisfecha con los resultados. | P.C.

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La finca de Ariant (Pollença) es desde 2012 un gran banco de pruebas donde la Fundación para la Vida Silvestre de la Mediterránea y la Fundación Voltor Negre llevan a cabo una proyecto de compilación de la explotación ganadera tradicional y ecológica con la preservación de la fauna salvaje. Evelyn Tewes, una de las responsables afirma que «los resultados por el momento son muy positivos».

Las entidades recibieron el encargo de gestionar la finca e inmediatamente iniciaron el proyecto. Al ser una finca de montaña, su actividad principal había sido siempre la ganadería. Así pues se propusieron explotar el rebaño de ovejas del lugar. Evelyn indica que «lo primero que se hizo fue observar las posibilidades del pasto natural, eminentemente carrizo (carritx). Las ovejas tenían un problema para aprovecharlo pues no lo consumen granado. Por ello introdujimos 26 burros y 35 vacas mallorquinas. Ellos consumen el carritx viejo y las ovejas se aprovechan del rebrote».

La responsable reconoce que ese pasto no es el de mejor calidad; «No favorece el engorde de corderos, pero si es aprovechable para el mantenimiento de los adultos. Para los corderos usamos praderas naturales en la finca donde implantamos forrajeras». Tewes agrega que «también se redujo el numero de cabezas de 350 a 200 para que fuera sostenible con los recursos de la finca sin la necesidad de aportaciones externas. Con ello evitamos la sobreexplotación y también se ahorra en costes».

Otro elemento que se introdujo fueron las abejas. «Se habilitaron colmenas para que estos pequeños y altamente beneficiosos insectos hicieran su labor», indica. Las abejas intervienen directamente en la polinización de muchas especies vegetales necesarias y a la vez aportan un ingreso a la finca mediante la producción de miel. Evelyn señala que «son tan importantes que sin ellas la producción de frutas bajaría en un 70 por ciento. Su merma en algunos lugares ha propiciado que se tengan que polinizar flores de frutales de forma artificial, a mano y con un elevado coste, como en China, por ejemplo».

Pere Tapia, coordinador del programa de buitres, señala que «al diversificar el ganado se favorece también el aumento de la diversidad de vida silvestre, más insectos y más animales». Se han colocado cajas nido para favorecer la actividad de insectívoros importantes como la abubilla (puput) o el carbonero común (cap ferrerico), muy útiles en el control de plagas.

El coordinador indica que «el buitre negro se ha visto beneficiado también del aumento de diversidad de la finca al disponer de más cadáveres de los que alimentarse. En la finca hay ocho nidos donde otras tantas parejas se han reproducido, esto es un éxito extraordinario».