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Harto o harta de los abusos de las empresas? Escuche esta edificante epopeya:
Un mal día, hace poco, opté por comprar online una nueva silla para mi modesto despacho. Me decidí por una empresa de sillas de oficina, a la que llamaremos, para no complicarnos, Ofisillas, situada en el norte de la Península. No era muy barata (246 euros, más 20 de envío a Balears), pero la anunciaban como «resistente al uso 8 horas». Al llegar, la «resistencia» de la silla era pésima, el acolchado era de papel, los apoyabrazos torcidos y flojos, los materiales de chichinabo y toda ella crujía y rechinaba insoportablemente, hasta el punto de imposibilitar su uso, sobre todo de noche.

Uno se espera la picaresca de las empresas para hacerte algo parecido a una estafa, pero lo de esa gente es otra dimensión. Al intentar devolverla, apareció una letra pequeña draconiana. De entrada, enviarla desmontada, y 20 euros de penalización por no tener el embalaje original (sí que está caro el cartón; pedían incluso las bolsas originales de los tornillos y el manual de montaje, un folio que no habían incluido), más 40 euros de envío (que se convertían milagrosamente en 20 si accedía a cambiarla por otra).

Me gasté una pasta en cinta y plástico de burbujas. En correo posterior, exigían que las ruedas estuvieran limpias (!) y el pistón de gas desmontado. Les hice saber que dicho pistón llegó montado (me fijé bien porque me extrañó), y contestaron que «no era posible», al tiempo que insistían en que no me pagarían si no llegaba desmontado. Me enviaron un vídeo con las instrucciones para el dichoso pistón (!!), en las que había que conseguir un martillo de goma (!!!) –y «aceite penetrante»– y golpear con él.

Huelga decir que dichos martillazos y chorros de aceite no eran, en todo caso, necesarios para el montaje. Ya me imagino a una abuelita de 80 años intentando lo del mazo de goma. Llegaron más correos con más exigencias, en lo que me pareció un intento de demorar la devolución para así superar los 30 días de plazo permitidos. Y, hasta ahora, se han negado a darme la dirección de destino. Me quedó claro que el servicio de devoluciones de Ofisillas no es, precisamente, el de El Corte Inglés.

¿Hasta cuándo tanto abuso? Lo he denunciado ante de la Dirección General de Consumo de Balears, a ver qué hacen. Les mantendré informados.