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Para hacerse una idea del rigor que muestran y la confianza que merecen los planes de los talibanes acerca del futuro de Afganistán baste con decir que, un mes después de haberse hecho con el poder, aún no han alcanzado un acuerdo respecto al nuevo Gobierno pero, eso sí, ya han decidido como deben vestir las mujeres afganas. Lo de carecer de Gobierno concreto pero tenerlo todo decidido en materia de vestuario femenino cuadra bien con los posibles planes de apertura talibanes que en sí mismos son ya imposiciones.

Desde su reciente victoria, los talibanes no se han cansado de repetir que su política será ahora muy distinta a la aplicada en su anterior etapa de gobierno entre 1996 y el 2001. Por ejemplo, se vanaglorian ante Occidente de su decisión de permitir actualmente que niñas y chicas puedan seguir estudios, pero, pero, con las debidas condiciones. Entre ellas, la más notable la encontramos en la directiva que permitirá a los talibanes revisar las asignaturas que se impartirán en las universidades del país. La mera idea de ver a un talibán concibiendo planes de estudio resulta escalofriante.

Más aún que la enseñanza en aulas segregadas según sexos, y no siendo esto suficiente ya que varones por un lado y hembras por otro tampoco podrán verse puesto que ellas deberán abandonar sus clases «cinco minutos» antes que ellos. No pueden ni cruzarse en un pasillo. No cabe decir que los profesores y profesoras deberán tener una cierta edad y ser de moralidad intachable. En el supuesto de que no se encontraran las profesoras necesarias, se recurrirá a varones, pero, pero, situados detrás de una cortina, o apoyándose en algún medio tecnológico. En conjunto, llamémosle ‘tolerancia talibana’.