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Un nutrido grupo de vecinos de la barriada del Camp Redó de Palma se han manifestado para denunciar la degradación del único parque infantil público de que disponen, invadido por indigentes y drogadictos que campan a sus anchas ante la pasividad de la Policía Local. El deterioro de la convivencia ciudadana no es, por desgracia, una novedad en la capital balear. La lista de enclaves conflictivos no deja de crecer por distintos motivos, en especial en los parques y plazas donde se concentran grupos variopintos en los que la falta de respeto a las normas es la divisa común. Frente a este proceso resulta llamativa la inacción de la primera institución de la ciudad, el Ajuntament, y de su principal baza para resolver el problema: la Policía Local.

¿Una plantilla insuficiente?

Palma cuenta con una plantilla de casi 900 agentes de la Policía Local, una cifra que puede parecer abultada pero que se demuestra que es insuficiente para atender las demandas ciudadanas. En los últimos años la población ha aumentado de un modo notable, y en paralelo la conflictividad; de baja intensidad si se quiere pero igualmente molesta y preocupante para la mayoría de sus habitantes. El que un grupo de vecinos decida salir a la calle para manifestar su protesta es un síntoma que no puede pasar desapercibido para los actuales gestores en Cort. Lo que ocurre en el parque infantil del Cap Redó es un eslabón más del ambiente molesto que se respira en la ciudad.

Resolver la tensión.

El número de puntos ‘calientes’ no deja de crecer. Ruido, suciedad, abandono, temor son algunos términos que cada vez es más común escuchar cuando se hace referencia a la vida en Palma. El Ajuntament debe intervenir antes de que estallen los conflictos y para ello, entre otras medidas, no hay duda de que es preciso dotar a la Policía Local de los medios y recursos suficientes para intervenir con eficacia. Demorarlo es una temeridad.